El último viaje de tren.
El siguiente relato, fue adaptado por Cas del 2013, de un sueño muy extraño y vivido que tuvo sobre un tren. He decidido publicarlo más de 7 años después, ya que no recordaba su existencia y creo que hay muchos símbolos que revelan un poco de lo que pasaba por mi mente en aquel entonces. P.D. He decidido mantenerlo tal y como fue escrito, ya que refleja un poco de lo que era en aquel entonces.
![]() |
| Fuente: https://elhistoriadores.files.wordpress.com/2008/04/14449027291619.jpg?w=640 |
Yo había llegado aquí con mi familia por unos malditos boletos misteriosos que habíamos ganado, cosa extraña puesto que en la vida alguno de nosotros le han gustado esas cosas. Era un cálido día de agosto, de los primeros del mes para ser más específicos. Llegamos en un curioso transporte que se hacia famoso cada día. Parecía un ataúd, más bien una pecera o a mi parecer eso era. Espacioso no era para nada, pero te transportaba automáticamente aunque aún sigo pensando en como demonios podía moverse. Éramos seis personas viajando y ese "ataud" era demasiado pequeño.
No tardamos tanto tiempo en llegar. Era un edificio raro. Mi padre miro todo a su alrededor, había demasiada gente y todos parecían nerviosos; tomo a mi madre y a mi hermano en sus brazos y dijo: -Ludwig, nosotros volvemos, puedes quedarte sí quieres- Asenti con la cabeza, ahí vivía mi novio así que era una buena oportunidad. Aunque más tarde me arrepentiría. Cuando quise despedirme de mi familia, ya no estaba ahí.
Camine un poco a los alrededores pero no vi caras conocidas. Seguí andando alrededor del edificio sin camino alguno. Después de un par de minutos vi a una señora en una fila llorando. Me acerque para ver que pasaba y me comenzaron a temblar más piernas: -Maldigo a ese tal Hitler y su mierda de tren. Cuando llegué todos nos iremos a la mierda- Gritaba entre su llanto. Escuchaba todo atentamente. No acaso ¿el era el que ocasionó las guerras mundiales? Pero de eso ha habían pasados muchos años. Seguí mi camino hasta que un ruido me detuvo.
Atrás del edificio llegaba un enorme tren. Abrieron las puertas y comenzaron a salir unos hombres con máscaras de gas. La gente hizo un silencio sepulcral apenas los vieron. Unos hombres nerviosmente comenzaban a gritar: "¿ESTOY VIVO?" y seguido de eso lloraban amargamente. Una señora peli negra corrió hasta uno de los que gritaban. Desde donde estaba no pude escuchar gran cosa, la señora miro dentro del vagón y comenzó a salir un hombre con una cara muy mala no se como decirlo, pareciera que lo habían torturado y era su último aliento. Caminó con pasos pesados y se desplomó en el piso. Antes de que nadie lo asimilará uno de los tipos que habían salido antes, de los que llevaban las máscaras, empujo a la señora dentro del vagón y seguido de esto varias filas más comenzaron a llegar y a entrar. Cada fila llevaba al menos de 4 a 5 personas y luego que todos entraron, el tren retomo rumbo.
La gente no terminaba de asimilar nada. Un grupo de policías nos acorraló y nos metio dentro del edificio, nos sentaron a varios en una sala de espera. Me sentaron junto a un anciano que miraba todo con melancolía. Un señor, que a su vez estaba sentado junto a nosotros, comenzó a llorar. -No puedo más con esto, se llevaron a mi esposa en el pasado tren y no regreso.-
-Lo siento mucho, es una suerte que sigan vivos algunos, pero no soportaran un segundo viaje.- -¿Por que lo dice?-
-Yo estoy esperando mi segundo viaje, ese maldito tren es de experimentos, los llevan a una región no muy lejos de aquí, una zona toxica, pues emana un gas verde que al ser respirado te deteriora todo hasta que te desmayas y mueres-
El segundo hombre comenzó a llorar, me acerque más al otro señor y le pregunté: -¿Como sabe eso?- El señor me miro, con su dedo en su boca hizo una señal para que me callara y señaló a dos hombres altos, uno moreno acompañado de uno rubio. Ambos con el ceño fruncido miraban a los pueblerinos, el rubio los miraba con desprecio pero el de negro sólo sé limitaba a observar. De la nada un silencio espectral sé hizo presente y unos soldados aparecieron encerrandonos a algunos en un cuadro mientras que la otra gente afuera de este rezaba en voz alta dando gracias por un viaje más de vida. Pero yo no quería ir. Aún no entendía del todo de que iban las cosas, pero la gente de ahí sí. Me acerque a un oficial y este me empujó -Tú, ni sé te ocurra tratar de escapar-
No contesté y me quedé parado mirando los pies, con la vista en el suelo mire los zapatos de la gente hasta que me tope con aquellas viejas botas que tantas veces había quitado de los pies de su dueño. -¿Lud...? ....¡Ah!- Levante la vista, estaba mas que seguro que era Feliciano. Pero sola veía a la gente que sé iba y tragandome mí orgullo le pedí a dios que el no estuviese ahí. Pero en ese momento me dí cuenta que no existía. Los guardias me empujaron y metieron al tren. Éramos 8 en el vagón, mas un doctor y un guardia, ambos con máscaras de gas.
-Buen viaje- Nos dijo un oficial que pasaba por ahí mientras éramos arrastrados y metidos a cada uno de esos vagones. Los de las máscaras sé sentaron en la banca mas cercana a la única ventana y claro, esa era la única. Nos sentamos, muchos comenzaron a toser, no sentí nada, así que decidí ponerme a respirar antes de que empezáramos el viaje. Grave error. Por que oh pude sentir el olor de esa cosa.
Para mí mala suerte esa cosa tenía un olor peculiar, como sí fuese uno de esos postres que comerías en un nublado día de otoño. Como el día de mí primera cita con el. Es melancólico pensarlo. El olor vuelve, los doctores que están sentados delante mío se ríen mientras mis compañeros se mueren. Pasa un rato... no se como he sobrevivido, quizá sea por el hecho de que he mantenido la mano en la nariz y no.estoy respirando gran cosa o eso espero.
Estoy comenzando a tener alucinaciones, pero ¿por que el japonés se ha sentado con el médico? Pero ¿de que va esto?, ya sólo quedan dos hombres en pie. El doctor me llama, me.ha dicho que me asome por la ventana, lo hago, el humo verde ya no está, quizá nunca estuvo y sólo.fue imaginación mía, no lo se. Volteó a mí izquierda y lo veo, con la cara hinchada y sucia.

0 comentarios